Thursday, October 18, 2012

ASAMBLEA CONSTITUYENTE:LA NECESARIA BATALLA POLÍTICA

La energía desplegada por el movimiento estudiantil el año 2011 permite que las demandas por un cambio estructural en el sistema educativo continúen en la agenda política nacional. Aun teniendo en contra el natural reflujo de un año excepcional, el apoyo no decae y las movilizaciones siguen siendo multitudinarias. De ello no hay duda, como tampoco respecto a la constancia y virulencia de los ataques provenientes de parte de quienes buscan eternizar el fracaso del modelo.

Todas las encuestas arrojan cifras favorables al movimiento estudiantil. El apoyo ciudadano  se mantiene. La permanencia en la agenda política -pese al contexto electoral municipal- habla de un movimiento que vino para quedarse. Incluso, realizando el simple ejercicio de comparar el respaldo otorgado al movimiento estudiantil con el apoyo recibido por las coaliciones binominales, podríamos fácilmente concluir que corremos con una ventaja digna de Usain Bolt. La Alianza y la Concertación, aun sumando sus porcentajes de aprobación, son incapaces de pisar siquiera nuestra sombra.

Sin embargo, lo anterior no es plenamente satisfactorio para quienes buscamos algo más que ganar en los números. Hoy, la verdadera batalla sigue estando más allá de las lucas de caridad del presupuesto educacional 2013. Lo sustancial es dirigir la acción política hacia las cuestiones estructurales. Este juicio cobra vital importancia cuando reconocemos que el amplio apoyo recibido puede interpretarse, en efecto, como la necesidad que tiene la ciudadanía de enfrentar con mayor audacia una institucionalidad que consagra desigualdades en diversas áreas de la sociedad.

Transcurrido ya un tiempo desde el vertiginoso pero esperanzador año 2011, podemos analizar con mayor detención nuestras estrategias. Quizá en su minuto no fue advertido con total claridad, pero hoy ya es posible observar que todas las salidas posibles ensayadas durante el 2011 para resolver el “conflicto estudiantil” no consideraron la profundidad de lo que estaba en juego. Como hoy, el año pasado no se discurría únicamente sobre cómo cambiar el sistema educativo sino acerca de la modificación de todo un sistema que día a día se hace insoportable para grupos muy diversos que terminan por conformar el 99% de los chilenos. Nuestra estrategia no fue consistente con ese diagnóstico.

Los diálogos con el gobierno y el parlamento no arrojaron resultados sustanciales y sólo constituyeron maniobras dilatorias de la élite política. Mientras el gobierno avanzó progresivamente hacia el atrincheramiento ideológico (nombramiento del ministro Beyer), el contubernio Alianza-Concertación esterilizó la estrategia de diálogo con el Congreso.

Entonces, ¿qué perspectivas tenemos como movimiento estudiantil para propiciar una nueva etapa político-social en Chile? ¿Vamos a seguir confiándoles la solución a aquellos que son parte del problema? ¿Favorece a nuestros objetivos jugar en la cancha de los defensores del modelo y con las reglas que a ellos más les acomoda?
Actualmente, el movimiento estudiantil se mueve gracias a la onda expansiva de un  fabuloso 2011. Naturalmente, esa energía desaparecerá en algún momento. Revitalizar el movimiento implica actuar con la audacia que demandan las grandes mayorías que aspiran a construir un nuevo Chile. Es preciso entender que la batalla no es exclusivamente educacional, no es gremial y mucho menos aún coyuntural. La lucha es eminentemente política y en nosotros reside hoy la responsabilidad de asumir aquello.
Cuando la política es una de las actividades denostadas por la propia clase política, se hace urgente asumir su reivindicación. El quiebre cultural implica resignificar la política como un actuar colectivo en pos de las grandes transformaciones sociales.  Para hacernos cargo de las demandas hoy mayoritarias, los movimientos y las organizaciones políticas emergentes debemos participar en las próximas elecciones con un candidato presidencial y con un programa definido democráticamente. Disputar y conquistar el poder resulta clave para cumplir un objetivo histórico fundamental: devolver el poder a su legítimo dueño, el pueblo.

Asimismo, la batalla política por excelencia debe encaminarse a romper la muralla con la que seguimos chocando. Si no somos capaces de superar esta etapa embrionaria del movimiento social y no apostamos a la transformación social por medio de una Asamblea Constituyente, entonces seguiremos condenando al pantano a nuestros compatriotas.
En la Asamblea Constituyente se materializan los anhelos y esperanzas de un futuro de dignidad para todos.

Ella es el punto de encuentro de aquellos que no sólo estamos indignados sino hasta los cojones. Hemos remecido la calma de una ciudadanía que parecía ya rendida y, por tanto, depende de nosotros que el apoyo se mantenga con un ritmo estable y creciente. Ello ocurrirá solo si somos audaces y consecuentes hasta el final.

Por: Luis Jaqui, Coordinador Estudiantil del PAIZ Partido de Izquierda, quien autorizó publicación del presente post.

Thursday, October 11, 2012

CULTURA DE LA PROTESTA: PROTESTA DE LA CULTURA


1. Las manifestaciones como puesta-en-escena

Las recientes manifestaciones estudiantiles en Chile exhiben una serie de rasgos del mayor interés, tanto político como cultural. Las nuevas generaciones han encontrado nuevos modos de protestar en un país que hasta hace poco parecía adormecido por la seducción de los medios y la publicidad en el seno de una “sociedad de consumidores”. De algún modo, ha nacido en nuestro país una inédita cultura de la protesta que es, al mismo tiempo, una protesta desde la cultura.

Lo primero que se advierte en las últimas manifestaciones es su marcado acento estético. La muchedumbre se sabe protagonista de una puesta-en-escena que espera el horario estelar de los noticieros para una puesta-en-cuadro. Este carácter performativo y visual de las protestas es algo nuevo, pues, más allá de los lienzos y pancartas de marcado tono ideológico, la manifestación es animada por diversas “acciones de arte” que van desde cuerpos desnudos a escenificaciones cuasi circenses de arte callejero. Las protestas son espacios de auto expresión.

Las nuevas armas contestarias incluyen maquetas de los carros policiales, como imagen especular y degradada de la represión, rostros pintados e improvisados cánticos. Más parecido a un “carnaval”, en el sentido de Bajtín, que a la clásica protesta en las calles. Las manifestaciones estudiantiles se han vuelto fotogénicas y telegénicas. Los estudiantes se saben en los medios de comunicación, hay, por decirlo así, una “consciencia mediática” arraigada en ellos. Notemos que la muchedumbre no comparece ya ante un hipotético mañana histórico sino ante las cámaras nacionales y extranjeras. Así, el éxito de la convocatoria no solo se mide por la asistencia al acto sino por el “tiempo al aire” de los diversos episodios que la constituyen en los noticieros televisivos nocturnos de ese mismo día: La acción política y la visualidad son, ahora, inseparables.

La narrativa mediática es la que garantiza la puesta-en-cuadro de las diversas secuencias de una manifestación, es ella la que construye y refiere la poética de la protesta. La construcción mediática recoge todos los rasgos formales y los convierte en referencias locales y globales. No olvidemos que existe, además, toda una construcción visual alternativa en la red que compite con los medios. Los vídeos en “Youtube” son subidos por los mismos estudiantes que se registran a sí mismos, multiplicando su presencia en el espacio y en el tiempo.

La figura emblemática de las manifestaciones estudiantiles en nuestro país ha sido, qué duda cabe, Camila Vallejos. Es interesante destacar que el liderazgo es marcado por una líder femenina. Es cierto, no es la primera, no es la única. De hecho, como se sabe, la misma ex presidente Michelle Bachelet cuenta hasta el presente con una elevada adhesión ciudadana. Sin embargo, la lucidez y el glamour de Camila Vallejos constituyen un factor que ha fortalecido la fuerza del movimiento de estudiantes. En una “sociedad de consumidores”, la protesta estudiantil posee la fuerza de la seducción.

2. El baile de máscaras

La estetización de las manifestaciones estudiantiles no significa, de buenas a primeras, una despolitización de las protestas. Si observamos con atención, las protestas estudiantiles están mostrando la conjunción de dos aspectos que aparecían disociados: Convicción y Seducción. De este modo, un movimiento social y juvenil se apropia del espacio público-mediático conjugando sus demandas con la lógica del espectáculo. Los jóvenes estudiantes resultan ser, paradojalmente, los verdaderos maestros de una “clase política” carente de convicciones e incapaz de seducir a la ciudadanía.

Las manifestaciones han dejado de ser un espacio cultural y político compacto y uniforme. Por el contrario, se trata de actos masivos abigarrados y multicolores en que diversos actores políticos y culturales se expresan. En toda manifestación encontramos un flujo de lo diverso, se trata de un movimiento en distintas direcciones que gira en torno a una demanda central: Educación pública gratuita y de calidad. La lista es larga: Estudiantes secundarios, estudiantes universitarios, padres y apoderados. Profesores secundarios, profesores universitarios. Artistas, intelectuales, representaciones de minorías étnicas y sexuales, grupos de teatro, grupos ecologistas, ciudadanos indignados y muchos otros. La marcha de lo diverso es carnavalesca y transversal. Lejos de constatar una despolitización de las protestas estudiantiles, estamos asistiendo a una nueva modalidad de la expresión política ciudadana.

Lo carnavalesco incluye en sus márgenes, la escenificación de la violencia. La estética Hard Core se nos presente como la irrupción de las fuerzas policiales, sea bajo la forma de amenaza presente, provocación intencionada o, lisa y llanamente, brutal represión. La violencia puesta-en-escena en las urbes ha sido estigmatizada desde la Comuna de París durante el siglo XIX hasta el presente. Términos tales como “terrorismo”, “encapuchados”, “violentistas” o “lumpen” dan buena cuenta de ello. La violencia en las manifestaciones se ejerce desde el anonimato: Hay fuerzas policiales, funcionarios anónimos que se enfrentan con medios técnicos a estudiantes anónimos. Como en un baile de máscaras se habla de “infiltrados”. Contra lo que pudiera pensarse, el ejercicio de la violencia no fortalece la dosis de politicidad de una manifestación sino, más bien, proporciona un elemento de tensión dramática a la narrativa mediática que justifica, inevitablemente, la “restitución del orden”.

3. Asinus asinum fricat

La imagen de un oficial de Carabineros junto a algún ministro de estado o al mismo presidente reafirma el orden constituido frente a los “actos de violencia”: “Asinus asinum fricat”, solo un asno frota a otro asno, afirmaban los antiguos. El gobierno de turno celebra a sus fuerzas represivas en nombre de la ley, la moral y la paz social. Los medios de comunicación, desde luego, clausuran su relato con un “Happy Ending” en que las demandas estudiantiles son opacadas por el “vandalismo” o, en el mejor de los casos, minimizadas por promesas y placebos para que todo siga igual.

No obstante, las manifestaciones persisten obstinadas y cada cierto tiempo regresan inevitables. Hay varias razones que pueden, en principio, explicar este fenómeno. Por de pronto, el hecho notable de que el movimiento estudiantil se ha mantenido a una cierta distancia de los partidos políticos tradicionales. Esto indica que este movimiento social no se inscribe en la “racionalidad partitocrática” inherente al Chile republicano e ilustrado anterior al golpe de estado de 1973 y recreado como mero “pastiche” desde 1990. Pareciera que junto a las manifestaciones estudiantiles irrumpe una racionalidad de nuevo cuño que estaría más próxima a demandas filosófico-morales que a ideologías estrictas: “El pueblo unido avanza sin partido”.

Las demandas estudiantiles exceden con mucho lo “políticamente correcto”. Al igual que los surrealistas, pareciera que a los estudiantes no les basta el imperativo marxista de “Transformar el mundo”. Se trata más bien de una urgencia moral y vital, menos Marx y más Rimbaud: “Cambiar la vida”. En este sentido, las manifestaciones estudiantiles ponen de manifiesto no solo una enorme “brecha generacional” sino, además, una “brecha cultural y política”. Las manifestaciones estudiantiles están poniendo de manifiesto un hastío profundo de las nuevas generaciones respecto a lo que es y ha sido este país.

Las protestas de los estudiantes no admiten una lectura política tradicional. Nuestra “caja de herramientas” resulta obsoleta ante este tipo de fenómenos. Apenas podemos barruntar algunos aspectos que están orientando este proceso acelerado de cambios. Sabemos que estamos ante síntomas locales de una “mutación antropológica” de gran escala asociada a una “Cultura Global” o “Cultura Internacional Popular”. Las demandas de las nuevas generaciones a escala mundial entran en constelación con aquella “contra-cultura” del siglo XX, ya no como “Psicodelia” sino como aquello que se ha dado en llamar “Ciberdelia”.

4. Las Redes y el fantasma de Salvador Allende


Desde un punto de vista más amplio, se hace indispensable considerar dos ejes centrales que están situando a los actores políticos y culturales en este tiempo: Las comunicaciones y el consumo. En la era de la “cibercultura”, el movimiento estudiantil se desarrolla y se gestiona en el espacio virtual como una expansión del espacio público. Las “redes sociales” son habitadas por estos “cibernautas” que conversan, discuten y coordinan sus propias acciones. Ya no estamos ante modelos de comunicación centralizados, verticales y masivos al estilo “Broadcast” sino a modelos horizontales, no jerarquizados y personalizados, el estilo “Podcast”. Esta impronta comunicacional constituye una suerte de matriz que se proyecta en las relaciones sociales y sus modos de organización. Los estudiantes adscritos a estructuras partidarias estrictas y burocráticas son una minoría, su actuar IRL (in real life) sigue siendo “Podcast”: el asambleismo, la autonomía y la acción parecen seducir a los jóvenes de hoy.

Si las nuevas tecnologías y las redes sociales amplían la noción de espacio público, es el consumo el que sitúa a los sujetos en un nuevo imaginario histórico y social. La “sociedad de consumidores”, en tanto diseño socio cultural, crea las condiciones de posibilidad para formas inéditas de socialización, permitiendo la emergencia de un nuevo “carácter social”. Es en esta dimensión donde se ha acuñado el concepto de “narcisismo sociogenético”, para explicar cómo las relaciones de seducción redefinen el individualismo en las sociedades democráticas del siglo XXI. Cualquier consideración sobre los movimientos sociales contemporáneos no puede dejar de lado esta cuestión, pues, en rigor, estamos asistiendo –precisamente– a la confrontación de una cultura secularizada y una “polis” anquilosada. Las instituciones sociales, y muy especialmente la educación, aparecen extemporáneas y vetustas ante una cultura “mediatizada”. Las burocracias educacionales, secundarias y universitarias, están muy distantes del mundo rutilante que destellan las pantallas y los escaparates. Una clase magistral no puede competir con un grupo de Rock.

En este nuevo mundo, empero, la historia sigue presente. Las manifestaciones estudiantiles no solo se apropian del espacio mediático sino que ocupan un espacio urbano lleno de historia, los monumentos y la arquitectura prescriben, todavía, los desplazamientos y el espacio de circulación. Sin embargo, el tiempo histórico también se hace presente como un “ahora” que se conecta con un “otrora”, otro ahora, un presente diferido que vuelve. Entre medio de los estudiantes que se desplazan aparece la imagen, un doble, del presidente Salvador Allende que alienta a los jóvenes y repite incansable su discurso. Esta “simulación” es significativa, pues instala en el imaginario actual una figura que más de tres décadas de silencio han querido desterrar. No se trata de una vindicación circunscrita a lo político e ideológico, más bien se enarbola su estatura moral frente a la miseria del presente. Las manifestaciones estudiantiles en nuestro país representan mucho más que una demanda sectorial, pareciera más bien que se trata, casi literalmente, de un lento despertar después de una larga noche de pesadillas y olvidos.

Por; Álvaro Cuadra,  investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados, ELAP, Universidad ARCIS.

* Artículo publicado en la revista América Latina en Movimiento Nº 477, Juventudes en escena, julio de 2012 - http://alainet.org/publica/477.phtml

Tuesday, September 11, 2012

DELES DURO, COMPAÑERO PRESIDENTE

 En ese momento, las tanquetas se retiran y los carabineros dejan la plaza. Fue cuando por una de las ventanas del primer piso Allende se asoma para constatar que lo estaban abandonando a su suerte. Yo tenía dos cámaras, una con un zoom y la otra un gran angular. Me pongo a correr y grito: "Allende, Allende". Al lado mío corría Arielo Netto, un camarógrafo amigo, uruguayo, que era más respetuoso y gritaba: "Señor presidente, señor presidente". Esa cuadra de La Moneda había estado realmente desierta y entonces sucede algo mágico: justo aparecen caminando unos chicos que nos habían escuchado, Allende vuelve entonces a abrir el balcón y hace un saludo fugaz. Yo tomo dos fotografías con el gran angular, para que se vean los chicos. Uno mira a Allende y le dice: "DELES DURO COMPAÑERO PRESIDENTE". (Santiago de Chile 11 de Septiembre de 1973)

Texto y Fotografía de Horacio Villalobos

Saturday, September 01, 2012

LAVIN, EL GRUPO PENTA Y LA UDD; "EL NEGOCIO DE ENSEÑAR"

Extracto del capítulo “Todo atado y bien atado” del libro “La privatización de las universidades: una historia de dinero, poder e influencias” de la periodista María Olivia Mönckeberg y editado por Copa Rota. 

 El 23 de enero de 1990, un mes y medio antes de que Pinochet entregara la banda presidencial, quedaron "oficialmente" depositados los estatutos de la Universidad del Desarrollo (UDD) en el ministerio de Educación. Todo se hizo "de acuerdo a lo dispuesto en el DFL 1 de 1980" y con notable rapidez. El ministro René Salamé dio su visto bueno a la petición el 14 de febrero de 1990, es decir, sólo 20 días después en plenas vacaciones de verano. Aunque la universidad tendría su sede en Concepción, las escrituras y estatutos se registraron en Santiago, en la notaría de Patricio Raby Benavente. Cinco conocidos jóvenes profesionales de entonces constituyeron la fundación de derecho privado que dio vida a la universidad, todos chilenos, casados, la mayoría de ellos domiciliados en la comuna de Las Condes en Santiago y activos miembros de la UDI: Federico Carlos Valdés Lafontaine, ingeniero civil industrial; y los ingenieros comerciales Luis Ernesto Silva Bafalluy, Cristián Larroulet Vignau y Joaquín Lavín Infante. Junto a ellos estaba también el padre de de Federico Valdés, el ingeniero civil Alfredo Federico Valdés Herrera. En los estatutos se señala que la fundación "se preocupará en forma especial del desarrollo económico, cultural artístico y tecnológico de la VIII Región". Los organizadores, según el documento, aportaron en el acto fundacional cuatro millones de pesos y se comprometieron con otros 16 que completarían antes del 31 de diciembre de 1994.

El primer consejo lo presidió Cristián Larroulet y desde ese entonces fue vicepresidente Joaquín Lavín Infante. Como secretario quedó Federico Valdés y consejeros Alfredo Federico Valdés Herrera y Ernesto Silva. La reunión constitutiva de la Universidad del Desarrollo se efectuó en Carmen 35, la antigua casona arrendada a la familia Alessandri Fabres donde funcionaba el Cepech. Al año siguiente, en una escritura del 16 de mayo de 1991, aparece como integrante del Consejo Directivo Carlos Alberto Délano Abbot, uno de los socios del grupo Penta e inseparable consejero y financista de Joaquín Lavín. El resto del Consejo lo forman las mismas personas que concurrieron a forjar la Fundación que dio vida a la Universidad. Un tiempo después se incorporó Carlos Eugenio Lavín García Huidobro.

El grupo Penta, encabezado por él y Délano, ha sido desde el comienzo parte de las inmobiliarias dueñas de los edificios donde funciona la casa de estudios. La casa matriz de la Universidad del Desarrollo en Concepción está en un amplio edificio de ladrillos rojos construido en el barrio Ainavillo. Los documentos obtenidos en el Conservador de Bienes Raíces establecen que pertenece a la inmobiliaria Ainavillo, la que además es dueña de otras propiedades que esa empresa ha adquirido en la calle Barros Arana, en la misma manzana. Con un capital total de 36 millones 500 mil pesos, la inmobiliaria Ainavillo Limitada fue constituida el 2 de agosto de 1991 por los mismos fundadoes de la Universidad. La siguiente era la participación con que empezaron: Joaquín lavín Infante, 16,6 por ciento; Ernesto Silva Bafalluy, 16,6 por ciento; Cristián Larroulet Vignau 16,6 por ciento; Federico Valdés Lafontaine, a través de inversiones el estribo Limitada, 12,5 por ciento; Alfredo Valdés, a través de Feval Limitada, 20,8 por ciento. Esta figura de la inmobiliaria "anexa" es el principal mecanismo que han encontrado las universidades privadas para saltarse la disposición legal que teoricamente impide a fundaciones y corporaciones tener fines de lucro.

El caso de la Universidad del Desarrollo es ilustrativo, pero es sólo una muestra de lo que ocurre en este negocio que mueve millones de dólares al año. En 1993 se inauguró el "primer gran edificio propio en Concepción", en la calle Ainavillo. La inmobiliaria experimentó una modificación legal en 1994 y cuatro sociedades de papel pasaron a reemplazar como socios a las personas naturales. Administración e Inversiones Penta, de Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, quedó con un 16,6 por ciento; Estudios Económicos Limitada, la sociedad de Joaquín Lavín, aumentó también a un 17,1 por ciento; Inversiones El Otoñal SA, de Cristián Larroulet, quedó con un 20 por ciento; Inversiones Sydarta Limitada, de Ernesto Silva Bafalluy, con un 22,7 por ciento; Inversiones El Estribo, de Federico Valdés, con un 13 por ciento, y Feval, de Alredo Valdés, con un 10,4. Hacia 1998 la propiedad de la inmobiliaria se mantenía básicamente igual. En esa época ya Administraciones e Inversiones Penta figura como "Empresa Penta" y después "Penta III Limitada" y Carlos Eugenio Lavín aparece involucrado directamente en la sociedad Ainavillo. En 1999, el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi empezó a formar parte de la inmobiliaria Ainavillo y quedó con un 10 por ciento, gracias a ventas que le hicieron los demás socios. A fines de 2001 se registra en una modificación estatutaria que el principal socio es inversiones Sydarta -la sociedad de Silva Bafalluy-, con un 21,1 por ciento, en tanto que las de Valdés bordean el 19 por ciento y la de Joaquín Lavín el 15, después de la venta del 6 por ciento de sus derechos que efectuó en esa oportunidad. Inversiones Penta III Limitada tenía el 16 por ciento. En marzo de 2002 Ainavillo se transformó en sociedad anónima cerrada. Se consigna que su objetivo es "el arriendo, subarriendo de inmuebles, la construcción o modificación y la explotación, administración y gestión de negocios inmobiliarios". Figura con un capital de 87 millones 919 mil 244 pesos y con domicilio en Santiago. Casi diez años después de su nacimiento en Concepción, la Universidad del Desarrollo le "compró la cartera de alumnos" a la Universidad de Las Condes, que estaba atravesando por serias dificultades económicas. A la vez, gracias a las inyecciones de capital que significó la sociedad con Penta, hoy está instalada en un moderno edificio en la calle La Plaza en el sector alto de San Carlos de Apoquindo. El presidente de su Consejo Directivo es el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi, mientras Joaquín Lavín sigue siendo su vicepresidente.

Los dos dueños de Penta son aparte de su Junta, lo mismo que Cristián Larroulet y Federico Valdés Lafontaine, prorrector de la Universidad. Larroulet además, es el decano de Economía y lo secunda otro Chicago Boy forjado en Odeplan, el ingeniero comercial Pedro Arrigada Stuven. Mientras que en Derecho el decano es el abogado Pablo Rodríguez Grez. El ex ministro de Hacienda y de Interior Carlos Cáceres Contreras, presidente del Instituto Libertad y Desarrollo, es también otra figura de la Universidad del Desarrollo. Después de su alejamiento de la Adolfo Ibáñez fue "fichado" por Büchi, Lavín y los Penta y preside su Consejo Empresarial.

ALGUIEN MAS QUE UN RECTOR 
Ernesto Silva Bafalluy, el corpulento economista que en los años '70 se formó a la vera de Miguel Kast en la Escuela de Economía de la Universidad Católica y en el semillero de Odeplan, ha sido figura central en la creación y crecimiento de la UDD. Su presencia en la cúpula de la Universidad que une a personajes tan significativos de la historia reciente de Chile como Hernán Büchi y su estrecho colaborador Cristián Larroulet; al dos veces candidato presidencial y ex alcalde de Las Condes y de Santiago Joaquín Lavín Infante, y al grupo económico Penta, simboliza precisamente esa comunión de intereses aglutinada ya desde hace unos años en el partido fundado por Jaime Guzmán en 1983 y al que perteneció Miguel Kast. Después de obtener un máster en Chicago, Silva trabajó en Odeplan entre 1973 y 1977 y fue jefe del Departamento de Estudios, cuando el ministro director era Roberto Kelly y Miguel Kast, el subdirector, empezaba a trazar las líneas que darían forma a los grandes cambios en educación, salud, previsión. Hoy, entre sus numerosas actividades, Ernesto Silva es director de la Fundación Miguel Kast. A la vez, es hombre clave del grupo Penta. En esa calidad preside la sociedad Penta Vida, Seguros de Vida SA, la dueña del inmueble donde funciona la Universidad del Desarrollo en Santiago. Al mismo tiempo, el rector y socio de la Corporación y de la Inmobiliaria Ainavillo, es director de la AFP Cuprum, de propiedad del grupo Penta. Se mantiene como director de Enersis, donde está desde los tiempos en que la empresa pertenecía a otro de sus amigos, el zar de la electricidad, José Yuraszeck Troncoso. Asimismo, es director de las Sociedades Concesionarias Autopistas del Aconcagua y Autopistas del Itata, y hace clases de Economía y Administración de Empresas en la Universidad. Los afanes de expansión de los dueños de la UDD continuaron después de la "adquisición" de la Universidad de Las Condes. Su matricula entre las sedes de Concepción y santiago supera los seis mil 600 alumnos. Pero también parecen preocupados de alcanzar otros públicos. El 2004 obtuvieron el control del Instituto Profesional Providencia, que tiene un nicho en estudiante de sectores medios y medios bajos. Aparecen en el directorio de ese instituto Ernesto Silva y su hija María Cristina Silva Méndez, además de Joaquín Lavín, Hernán Büchi, Federico Valdés, Alfredo Valdés, Carlos Eugenio Lavín, Carlos Alberto Délano y Cristián Larroulet. Asimismo, en la publicidad se anuncia la "alianza estratégica" con la Universidad y sus dueños se mencionan como profesores.

[NOTA de EL BEAT DEL TAMBOR;  Ernesto Silva Bafaluy muere el día 8 de Agosto de2011 en circunstancias aun no aclaradas, aunque todo apunta que se habría suicidado....cosa debidamente callada por los medios oficiales]

 
LA FUERZA DE LOS PENTA
En los ’80 Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, gracias a las operaciones efectuadas en esos tiempos de crisis cuando se derrumbó el grupo Cruzat-Larraín en el que trabajaban, lograron hacer su primer millón de dólares. Después las cosas marcharon por un camino expedito. Los favoreció su sagacidad y sus contactos, y cuando el ex ministro Hernán Büchi decidió la privatización del Instituto de Seguros del Estado, ISE, resultaron premiados. Pocos sabían de ellos hasta fines de los 90. Pero hoy su presencia se advierte en todas partes: entre las más recientes, su Banco Penta. En su primer año de existencia este banco concebido como "de inversiones" exhibió, según sus ejecutivos, estimulantes resultados, mientras los seguros continúan entregándoles dividendos y Penta Inmobiliaria se empina por la precordillera realizando alrededor de una docena de proyectos en el sector oriente de Santiago. Penta ha logrado ser uno de los grupos económicos más poderosos de principios del siglo XXI y está presente en todos los sectores que los estrategas del gobierno militar definieron como clave cuando diseñaron sus "modernizaciones": en la previsión tienen la AFP Cuprum que actúa en cadena con sus compañías de seguro y mostró las más elevadas utilidade entre sus "pares". En el área de la salud están asociados con el grupo Fernández León, y juntos son dueños de Banmédica, la más grande de las isapres. Pero las "empresas Banmédica", abarcan además un vasto conjunto de sociedades vinculadas a los servicios de salud, entre las que están las clínicas Santa María y Dávila, y la empresa Help. Los lazos de los Penta con el sector educacional se hacen evidentes con la presencia de sus dos principales socios –Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano– en la Universidad del Desarrollo y sus inmobiliarias. Y, desde luego, con el rol protagónico del rector Ernesto Silva Bafalluy, al mismo tiempo directivo del grupo Penta. Está también la participación de los Penta en la Inmobiliaria Ainavillo. La nueva sede de la UDD en San Carlos de Apoquindo, una construcción moderna, de concreto a la vista y amplios ventanales, rodeada de patios y escalinatas, es propiedad de Penta Seguros. En algunos documentos figura a nombre de la Compañía de Seguros ISELas Américas con la compañía de seguros Allianz que fue adquirida por el grupo Penta. La superficie del terreno en términos brutos es de 52 mil 248,89 metros cuadrados y en términos netos, de 43 mil 413,07 metros cuadrados, de acuerdo al permiso de edificación que se encuentra en la Municipalidad de Las Condes. El proyecto total, de los arquitectos Cristián Bozza y Víctor Lobos, según ese permiso municipal, contempla doce mil trescientos metros cuadrados en cinco edificios de tres pisos y subterráneos, y consigna un presupuesto superior a los dos mil millones de pesos.

Por: MARIA OLIVIA  MÖNCKBERG

Tuesday, August 14, 2012

CHILE SE LEVANTA (Documental Al Jazeera)




Monday, August 06, 2012

MANUEL ROJAS, FERNANDO ORTIZ, JOSÉ MANUEL PARADA














Las innumerables personas que han leído y siguen leyendo Hijo de ladrón, de Manuel Rojas, para muchos la mejor novela chilena de todos los tiempos, tienen muchos motivos para dejarse llevar por ella. Así, la simple lectura del formidable relato supera cualquier otra curiosidad mientras estamos absortos en esa epopeya.
Las aventuras de Aniceto Hevia, el chilenísimo y universal héroe, alter ego del autor, nos siguen cautivando por el asombro, el júbilo, la sensación de milagro ante el estilo de Manuel Rojas. Con todo, Aniceto tiene 17 años y si bien ya ha vivido muchas peripecias, su inventor siguió en este mundo hasta alcanzar la edad de 77 años.
De este modo, la biografía temprana, que es el material de esa ficción, es apenas el comienzo de una trayectoria de experiencias e intelecto completamente impar en nuestras letras. Sin embargo, hoy en día parece remoto que los admiradores de Hijo de ladrón sepan algo más en cuanto al ambiente privado que rodeó al extraordinario narrador.
Los miles de niños que, en la enseñanza básica o media deben leer El vaso de leche, de Manuel Rojas, un cuento inolvidable, un clásico de la literatura chilena, se emocionan y deleitan sin excepción con la maternal ternura y la sobriedad de la historia. Y otro tanto ocurre con los profesores que ya se la conocen de memoria. Sin embargo, es poco probable que deseen saber más acerca del gran escritor chileno.
Y quienes caen definitivamente en el embrujo de Manuel Rojas, con seguridad querrán abordar Lanchas en la bahía, su primer título, publicado en 1932. El protagonista, Eugenio, un solitario muchacho que cuida barcos, nos transmite sus estremecedoras vivencias al sobrevivir en la miseria de Valparaíso, aunque también aprende quienes son los hombres, los amigos, los hermanos de la existencia. Sin embargo, ni esa obra ni todas las que vendrán después anticipan ni podrían anticipar el destino de los descendientes de Manuel Rojas.
Porque es casi seguro que ninguno de los lectores actuales de Manuel Rojas sabe que su hija mayor, María Eugenia, se casó con Fernando Ortiz, dirigente comunista aprehendido el 15 de diciembre de 1976, permaneciendo en calidad de detenido desaparecido hasta hace un par de semanas.
Esa perpetua incertidumbre –saber qué pasó, conocer la verdad- recién finalizó cuando su familia tuvo el “extraño privilegio” de poder identificar sus restos, según las palabras de María Luisa Ortiz, hija de Fernando y nieta de Manuel Rojas.
María Eugenia también es escritora y participó en la puesta en marcha de una institución clave en la protección de los niños durante la dictadura. Y Fernando Ortiz, quien fue un destacado catedrático e historiador, publicó un estudio decisivo sobre el movimiento obrero chileno, que ha sido varias veces reeditado.
De más está decirlo, los seguidores de Manuel Rojas tampoco deben tener conocimiento de que su nieta Estela Ortiz, hija de Fernando y María Eugenia, era la mujer de José Manuel Parada.
El sociólogo y funcionario de la Vicaría de la Solidaridad fue, a su vez, hijo de María Maluenda, la insigne actriz, fundadora del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, parlamentaria, diplomática y la primera presidenta de la Cámara de Diputados durante la transición democrática.
Y su padre, Roberto Parada, es una de las glorias de las tablas chilenas: interpretó los papeles más complejos de la dramaturgia clásica y contemporánea, en una prolongada trayectoria que abarcó varias décadas.
Pese a lo anterior, lo que más se recuerda de Roberto Parada es su extraordinaria voz, similar a la de un órgano, repleta de matices y que, gracias a registros magnetofónicos, podemos apreciar cuando recita a Neruda, Vallejo, Guillén y muchos otros poetas modernos y, sobre todo, al oírlo declamar a los autores del Siglo de Oro español.
José Manuel fue asesinado junto a otros dos profesionales comunistas, Santiago Nattino y Manuel Guerrero, por agentes de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), y sus cuerpos, degollados y con señales de tortura, fueron encontrados el 30 de marzo de 1985.
La conexión literaria está lejos de terminar aquí y las ramificaciones son vastísimas; no obstante, es preciso detenerse en honor a la claridad. Entonces, vale la pena mencionar un último lazo, que nos vuelve a remontar al mundo de los libros.
La segunda esposa de Fernando Ortiz, María Luisa Azócar, psicóloga y poeta, es la madre de la notable poetisa Bárbara Délano, prematuramente fallecida en un accidente aéreo. El padre de Bárbara es el prolífico, infatigable, generoso, sustancial cuentista y novelista Poli Délano, una de las voces dominantes de la presente narrativa nacional.
¿Qué quiere decir todo esto? Es un mero recordatorio de los vínculos de parentesco de un destacado intelectual, Fernando Ortiz, cuya familia es inseparable de nuestra cultura y nuestra literatura. De ninguna manera significa ponerlo por encima de sus compañeros, tanto los que cayeron junto a él, como los que, después de él, corrieron una suerte parecida a la suya. Sus propias hijas son tajantes al respecto.
Aún así, es preciso recordar que, por años de años, todas las víctimas de la represión fueron difamadas, insultadas, deshonradas, tratadas como locos en el mejor de los casos y como criminales en el peor.
Lincoyán Berríos y Horacio Cepeda, que comparten con Fernando Ortiz el “extraño privilegio” de que sus hijos, al fin, pudieron despedirse de ellos, tienen en común con el profesor universitario haber sido sobresalientes líderes políticos.
El primero lo fue en calidad de conductor de una organización sindical internacional y el segundo se desempeñó como director de una empresa pública y cabeza del Instituto Chileno-Alemán (conocía cinco idiomas).
Para los asesinos que los secuestraron y luego los torturaron en forma indescriptible, hasta hacerlos morir, aplicando una práctica genocida, estos datos son irrelevantes.
Daba lo mismo quienes fueran, siempre que fueran comunistas, socialistas, miristas u opositores de otros signos. Había que destruirlos a toda costa, casi siempre mediante los más inimaginables tormentos. Y con el poder omnímodo del aparato del estado, lograron eliminarlos físicamente. Pero no pudieron ni habrían podido jamás privarlos de su humanidad.
Esto quedó demostrado indeleblemente en los funerales que tuvieron lugar el pasado 28 de julio, en el Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político. Es difícil, muy difícil encontrar palabras adecuadas para describir esos momentos. Fueron momentos terribles y duros, pero también hermosos.
Los textos que leyeron Alonso Cepeda, Marisol Berríos y María Luisa Ortiz, rememorando a sus padres, tienen un valor inaudito, que excede a la literatura testimonial. Son textos que expresan un sufrimiento indecible, una añoranza inenarrable y que revelan una singular altura de miras y una especial belleza: la belleza de la verdad.
Sin ninguna duda, Manuel Rojas habría estado orgulloso de sus nietas y de sus acompañantes.

Por; Camilo Marks

Wednesday, June 27, 2012

ESTO ES LO QUE DICE EL GRAN PEPE MUJICA

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